sábado, 12 de abril de 2014

Taller de escritura y lenguaje.

La mujer cerró la ventana justo cuando la tarde se comenzaba a poner fría. Camino hacia la puerta mientras frotaba fuertemente sus manos para lograr calor. La cerró luego de mirar al largo y helado pasillo donde ya no había nadie.

Acomodo la silla y se sentó mirando hacia el grupo de jóvenes que todavía no terminaban de sacarse las chaquetas y los guantes. – Perfecto – se dijo como para ella misma y saco una pequeña libreta de color marrón en cuyas hojas se revolvían cientos de letras de ininteligible caligrafía.

- La correcta inspiración es algo que debe brotar instantáneamente de nuestras vivencias, de lo que vivimos y sentimos es donde debe nacer lo que posteriormente llevaremos al papel – Decía esto mientras algunos alumnos del taller de escritura y lenguaje cerraban los ojos buscando esos momentos que la maestra describía tan fácilmente.

- Perfecto, cierren los ojos e imaginen el caminar de su casa al parque. ¿Qué ven? - - personas - decía uno, - árboles – decía otro, - experiencias – se atrevía a decir el que apretaba mas los ojos. – Perfecto, cada cual busca en sí y encuentra lo que de una forma u otra nos marca –

Dicho esto la maestra se paró de la silla y comenzó a recitar:

“Debajo de las multiplicaciones
Hay una gota de sangre de pato;
Debajo de las divisiones
Hay una gota de sangre de marinero;
Debajo de las sumas, un río de sangre tierna.
Un río que viene cantando
Por los dormitorios de los arrabales,
Y es plata, cemento o brisa
En el alba mentida de New York”.

¿Qué intuimos en la pasada estrofa? Acaso la tristeza de un hombre que palpa el sufrimiento, acaso la pena de la desolada ciudad industrial, será tal vez un triste hombre en una desolada ciudad industrial – Y abría exageradamente los ojos felicitando a su yo interno por tan acertada metáfora explicativa.

Entonces los alumnos callaron. Primero los treinta segundos suficientes para que la sobreexcitada maestra contuviera la respiración, se sentara y concluyera que sus alumnos buscaban una respuesta “ad-hoc” a su interpretación. Cuando el silencio sobrepaso los sesenta segundos la maestra comenzó a mirarlos uno a uno, pausadamente y parpadeando lentamente sin dejar de sonreír. Ya empezaba a sentirse incomoda.

Justo a los ciento veinte segundos la maestra rompió el silencio y se dirigió a todos sus pupilos – me da la impresión de que el hombre sufre en la sangre del pato y del marinero. Sufre lo que el pato y el marinero cuando no puede evitar el sangramiento que baja por las calles – y dio otra mirada a su alrededor. El silencio seguía siendo funerario.

Entonces se paró de la silla y camino hacia la puerta dando el instante para que a sus espaldas los alumnos pudieran intercambiar miradas y susurros. Al voltear todo continuaba ceremoniosamente callado. Se acerco al grupo y camino muy cerca de ellos presa del más total asombro. Estupefacta se acerco a uno de ellos, por atrás y muy lentamente, y puso su oído junto a su boca; asombrada escucho como el alumno repetía: “Die ente und der matrose uberqueren die strade zusammen, und im weg der front Essen sie gerostetes huhn, Die ente und der matrose uberqueren die strade zusammen, und im weg der front Essen sie gerostetes huhn, Die ente und der matrose uberqueren die strade zusammen… Sin entender dio un paso atrás y ya espantada miro a otro alumno que movía los labios repetidamente y sin pausa. Al acercarse lo escucho decir: “En realize le marin sentait une attractrion terrible par le canard, En realize le marin sentait une attractrion terrible par le canard, En realize le marin sentait… Ya completamente aterrada camino hacia la silla donde había comenzado el taller del día y tomo su libreta color marrón en un reflejo instintivo. Comenzó a hojearla sin poner atención a ninguna hoja, solo comenzaba a escuchar a otro alumno que repetía: “The problem is that the ducks do not use socks, The problem is that the ducks do not use socks, The problem is that the ducks… Cuando la ventana se abrió de par en par dejando entrar una fuerte ráfaga de viento y congelando la pieza, el alumno que más cercano estaba a ella dejo su asiento de un fuerte salto y comenzó a gritar hacia el techo: Livello basso la del fante di marina la luna none posto per un assassin delle anatre, wretch basso, prendera as ala di vendetta la buona. La confusión era completa. Ya no entendía que pasaba ni como saldría de ese lugar. – Ente, matrose, gerostetes huhn – trataba de tomar su bolso – Marin, attraction, canard – caía el bolso junto a la libreta color marrón – Ducks whith socks, duck with socks - Era un completo atado de nervios y papeles que caían y la libreta color marrón que empezaba a perder sus hojas – Talvez o sangue do pato nao era digno de um sailor com sonhos das cores – Y el alumno se acercaba tanto que podía mirar dentro de sus ojos y saber que no podría escapar de ahí – Canard, fante di marina, duck, marin – Cuando renuncio a su libreta color marrón que se destrozaba bajo los brincos de un alumno que trataba de alcanzar algo que de una u otra forma colgaba del techo, retrocedió paso a paso sin darse cuenta que la ventana abierta por el viento movía sus marcos hacia adentro y afuera como las mandíbulas de un perro callejero y hambriento. No se dio cuenta tampoco cuando el marco de la ventana le golpeo la cabeza empujándola hacia delante para caer en los brazos de un estudiante que había permanecido callado pero de pie. – Los marineros son de una especie que no suele frecuentar a los patos, menos en New York – y la empujo justo cuando el perro habría su mandíbula y la tragaba sin masticarla. Callo rápidamente del segundo piso en que se encontraban.

Un cuerpo yacía sin vida en el suelo, de su cabeza brotaba un hilo de sangre que corría por los dormitorios de los arrabales, brillaba como plata mientras la fría brisa la congelaba. Y corría hacia el norte, seguramente hacia New York.


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