Lo puedes ver
por las noches caminando por los bares de Antonia López de Bello. – Le dibujo a
la señorita, se la dejo igualita – Es su oferta. La verdad nunca lo hemos visto
dibujar. – Si me la cambia un poco, tal vez conversemos – digo. Frase que
siempre suelta alguna risa.
- Nunca me
dejes terminar el segundo – Es una tímida advertencia que escucho con malicia.
La miro cuando empieza el tercero y sus ojos comienzan a brillar y ya no es la
misma. Pero tampoco yo soy el mismo.
Nos miramos
buscando esa palabra que ninguno de los dos se atreve a decir, pero que se
encuentra ahí justo entre nuestros labios. Qué lejos se encuentran aún. Busco
la palabra entre tus parpadeos y cada uno cambia los colores de la situación
repitiendo las palabras pero con otro sonido. Cada nuevo sonido nos vuelve e a
entregar una razón para estar juntos.
Afuera muchas
personas también buscan palabras y a cada una el fantasma ofrece una
escenografía especial. Vuelve una y otra vez dando vueltas entre las mismas
mesas y seguimos ahí mismo mirándonos y deleitándonos con las cosas que
ingeniosamente inventamos para solo seguir mirándonos. Y a veces muchas no
tienen sentido. Quizás la mayoría no tiene sentido. ¡Pero qué importa! nada
importa si todo sirve para que la distancia se estreche.
Las ideas
siempre son locas y un poco descabelladas. Y entre las ideas preguntamos al
cantor de quien era el tema solo para consternarnos y decir que hoy en día hay
mucho ingles y poco Sabina. Nos hace mucha gracia la frase.
Algunos te
miran cuando ríes. Y deben pensar que algo te causo gracia, pero no saben que
solo es un reflejo porque como ninguno sé, que estas nerviosa. Siempre trato de
pensar que es por mí.
El fantasma
entra por la puerta que agita pequeños tonos de unas campanillas y apaga la
vela en nuestra mesa. O tú lo culpas a él mientras entre silenciosas risas
vuelves a prenderla. Yo sé que no fue él, sino cualquiera de nosotros que al
hablar quizás que cosa dejó brotar un tierno aliento que desea apagarla para
que nos vallamos. Y lo gracioso es que el aliento alcanza el fuego de la vela
porque sin darnos cuenta estamos más cerca que al principio. Eso nuestros
alientos lo saben. Todo en nuestros cuerpos sabe que estamos más cerca, por eso
las risas y los temblores.
Entonces el fantasma ofrece nuevamente sus servicios y ahora me arrepiento de no haber aceptado la primera porque tus ojos ya no son los mismos. Si te hubiera dibujado de todas formas serías otra. Pero ya no importa porque nuestros pies casualmente ya bailan bajo nuestra mesa, y se tocan y se rodean. Y van mucho antes que nosotros, quizás en la esquina besándose bajo un balcón o mucho más allá despidiéndose con dulces besos y prometiendo extrañarse. El fantasma decide irse y tú no terminas el tercero. Ya lo sabíamos.
Entonces el fantasma ofrece nuevamente sus servicios y ahora me arrepiento de no haber aceptado la primera porque tus ojos ya no son los mismos. Si te hubiera dibujado de todas formas serías otra. Pero ya no importa porque nuestros pies casualmente ya bailan bajo nuestra mesa, y se tocan y se rodean. Y van mucho antes que nosotros, quizás en la esquina besándose bajo un balcón o mucho más allá despidiéndose con dulces besos y prometiendo extrañarse. El fantasma decide irse y tú no terminas el tercero. Ya lo sabíamos.

Antonia López de Bello tiene esos lugares mágicos que nos regalan personajes para construir historias. Es un buen relato César, admiro a los escritores de largo aliento, ya que la poesía es el resumen absoluto de los mismos.
ResponderEliminarUn abrazo.
Necesito que me escribas a mi blog para que nos coloquemos en contacto con el resto de amigos que he logrado contactar.
Muchas gracias Taty por tu visita. Daré una vuelta por tu blog para mantener el contacto. Y como te dije inicialmente, por favor cuenta conmigo para cualquier cosa. Saludos.
EliminarMuchas gracias por acompañarme en este gustoso éxtasis de leer y escribir. me tendrás muy seguido por tu "casa". Saludos.
ResponderEliminar